Mi Historia

2012/02/20

Primer Paso

Recuerdo muy bien mi primeros pasos en la salsa. Yo entrenaba con pesas en un gimnasio, que además del consabido aerobics tenía clases de baile. En realidad se trataba de una especie de cardiosalsa improvisada por un instructor cuya única calificación era el ser cubano. Su método de enseñanza era muy similar al del instructor de aerobics: se situaba frente al espejo del salón y ponía su rutina. Si podías seguir los pasos bien por ti, y si no ese era tu problema.

La proporción de mujeres a hombres era de 15 a 1. Algunas tenían meses en esa clase y ya se sabían las rutinas, mientras que para los principiantes como yo se trataba de intentar imitar movimientos totalmente distintos a mi experiencia cotidiana. Los primero días me sentía torpe y fuera de lugar, sobre todo por las risitas burlonas de mis amigos que se dirigían a levantar pesas. Sin embargo, con el paso de los días fui logrando seguir los pasos. Era buen ejercicio y no me molestaba ver a las chicas del grupo durante una hora diaria, así que me quedé en la clase.

Más o menos un mes después salió la oportunidad de ir a bailar. El instructor andaba tras una de sus alumnas, así que nos propuso a varios del grupo ir a un lugar llamado Barlovento, el único de la ciudad donde tocaban salsa. Como la mayoría de los hombres, muchas veces hice el ridículo tratando de bailar con una chica en los antros. Yo era muy tímido y de los que decían que hay que tomarse unos tragos primero para agarrar valor… lo malo es que cuando tenía suficiente valor ya no podía ni mantenerme en pie. Fue por el poco éxito de este enfoque que en primer lugar entré a las clases de baile, en lugar de quedarme únicamente con los aparatos del gimnasio.

Esa noche me sentía confiado: después de todo ya podía seguir las rutinas. El instructor llegó vestido en un traje blanco y las compañeras de clase muy guapas y arregladas. Dispuesto a aplicar todo lo aprendido, conduje a una de mis amigas a la pista…. y no pude dar ni una sola vuelta. La música era diferente a la usada en clase, y de inmediato me sentí intimidado al ver parejas dando vueltas muy complicadas. Al principio pensé que con unos cuantos meses más de clases podría hacerlas también, pero luego vi que el instructor cubano tampoco podía dar vueltas.

No regresé a su clase. Esa noche decidí que yo quería bailar como los tipos que había visto. La noche siguiente fui otra vez al Barlovento, y me quedé sentado a observar a la gente. Me percaté que aunque el lugar estaba lleno, las mujeres literalmente hacían cola para bailar con los cuatro o cinco hombres que bailaban muy bien, así que les pedí que me enseñaran.

Sólo uno de ellos me dio algunos consejos. Algunos consideraban su habilidad un secreto celosamente guardado y no querían que les copiaran sus pasos, y otros simplemente no podían explicar cómo los hacían.

En ese entonces en mi ciudad no había muchas opciones. Aparecía un curso de salsa de vez en cuando, y yo me apuntaba a todos. Cada instructor tenía una manera de bailar distinta y un método propio, que muchas veces era totalmente incompatible con todos los demás. Casi todos basaban sus clases en una coreografía, esto es, una secuencia específica de pasos. Ciertamente era fácil de llevar un grupo así, pero sólo se podía bailar con una muchacha de esa misma clase. Cuando en la noche intentaba bailar con una chica del Barlovento, no podía aplicar lo aprendido porque ella no se lo sabía su parte de la rutina.

Ojalá tuviera un peso por cada vez que pensé en dejar de bailar. Llegaba al Barlovento y me fijaba en las chicas más guapas que entraban. Me dirigía a sacarlas a bailar… para que me dijeran que no. Mis amigos me llamaban para ir a la disco o a fiestas y no se explicaban por que prefería un lugar sórdido con música que ellos consideraban corriente. Cuando lograba sacar a una chica no podía llevarla bien, y tenía que tragarme mi orgullo cuando me decían “mejor bailamos suelto”.

Sin embargo, poco a poco fui mejorando. Entendí por qué podía llevar a algunas chicas y a otras no. Hice nuevos amigos y encontré que la gente que iba a bailar era mas auténtica, alegre y alivianada de la que encontraba en los antros. No te juzgaban por la ropa ni por el carro ni por las botellas que consumías, sino por tu habilidad para bailar. Y salía mucho más barato que ir al table dance con mis antiguos amigos.

Mientras mejor me volvía, sacaba a bailar más y mas chicas. La primera vez que escuché que una me dijo “Qué bien bailas” mientras la tenía en mis brazos fue cuando descubrí que mi pasión era la salsa.

Con el tiempo llegué a bailar mejor que mis primeros instructores. Youtube todavía no existía, así que para ver un video instruccional había que pedirlo a Estados Unidos. Tuve la suerte de conocer a una estudiante de intercambio que había bailado con la mítica compañía Salsa Brava de Los Ángeles y ella me enseñó técnica de baile, especialmente para los giros. Después de un par de años de ir todos los jueves, viernes y sábados de cada semana al Barlovento yo era uno de los mejores. Luego tuve la oportunidad de vivir en Cancún, donde pude bailar con parejas de mucho mayor nivel que el mio, además de que había lugares abiertos de lunes a domingo.

Por ese entonces algunas personas me pedían clases, y eso me obligó a encontrar una manera clara de explicarles cómo bailar, pues no quería que tuvieran las frustraciones que yo tuve en mis primeros pasos. A mi me llevó años entender los principios fundamentales de la dinámica de las vueltas en pareja. Pero aplicando estos principios era posible aprender a bailar desde cero en unos cuantos meses, en lugar de años.

En el 2006 subí a Youtube un video llamado “Vueltas Básicas” explicando esos principios fundamentales. Está dividido en tres partes: Ejercicios, Pasos y Vueltas, y en conjunto tienen más de 6 millones de reproducciones. A la fecha ningún otro video explica con tanto detalle cómo empezar a bailar, y los comentarios negativos que he recibido es de personas que se quejan de que “es demasiado básico”. Usualmente estos comentarios provienen de hombres que han “bailado desde lo 5 años” o que se aburren de ver algo que a ellos les parece obvio. Y esto nos lleva a la pregunta:

Siguiente: ¿El bailador nace, o se hace?
Descargar Primer Paso (PDF 61 páginas)

Acerca de mi

Jorge Nandayapa es salsero de hueso colorado, maestro de baile y bloguero.

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