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Artículos | Publicado en Zonacero.info
Por Manuel Henríquez, conductor del programa “Sabor cubano”
Empecemos por la controversia que existe en el género popular salsa y digo esto porque todavía hay coleccionistas, musicólogos, periodistas, locutores de radio en general, con cierta autoridad sobre el tema pero con mucha confusión.
En su libro “La música de Cuba: del areito a la nueva trova”, el doctor Cristóbal Díaz Ayala dice que la salsa, es un sonido moderno con una instrumentación moderna, basado en la música cubana, y pensamos que tiene totalmente la razón, cuando hemos escudriñado con mucho detenimiento y entereza la música popular desde sus inicios.
Encontramos, por ejemplo, el sonido de la Sonora Matancera, que es uno de los conjuntos típicos cubanos que suena totalmente diferente al sonido de la orquesta del pianista Eddie Palmieri, que tenía una sección de dos trombones y un flautista como artista invitado para así llenar algunos vacíos en la parte ritmo melódica, sin ser ésta un formato de charanga.
También hay otro ejemplo palpable: la orquesta del maestro Louie Ramírez, donde vocaliza Víctor Velásquez en el lp. grabado en 1974, para la casa disquera Ws Latino, con una sonoridad donde hay promiscuidad de instrumentos, en que aparecen el trío de metales, pero que también tiene una flauta y un violín que se usaban en los formatos de charanga. Y así escuchamos el sonido de esta orquesta que en algunos casos sonaba como charanga sin serlo y otras veces como típica de viento.
Eso es lo que pensamos que es salsa: el sonido moderno desequilibrado en la parte instrumental, de lo que era el sonido antiguo con su instrumentación equilibrado.
En Nueva York, en 1961 el fundador de la casa disquera Alegre, del músico All Santiago decide recrear el ambiente de las descargas cubanas de la década del 50, formando una orquesta a la que bautizó Alegre All Stars dirigida por el pianista Charlie Palmieri y el flautista Johnny Pacheco. Para empezar, las descargas se celebraban cada martes por la noche en un club del Bronx que se llamaba “El Tritón”.
Por diferencias financieras con All Santiago, Pacheco abandona la firma Alegre para la cual había ya grabado un álbum, Pacheco y su abogado Jerry Masucci deciden formar una nueva empresa disquera cuyo nombre es Fania que fue inspirado en el título de una canción cubana, que aparece en el LP Sello Puchito de la orquesta Estrellas Cubanas que dirigía el violinista Félix Reyna y que fue grabado en el LP de Johnny Pacheco cuya razón social es Cañonazos, siendo este el primer disco de Pacheco con el sonido de la Sonora Matancera que era un sonido diferente a la charanga que él tuvo al principio de los años 60.
Tras la salida de Pacheco de la firma del Sello Alegre, Charlie Palmieri asume la dirección de Alegre All Stars de la que forman parte el saxofonista Chombo Silva, el trombonista Barry Rogers, el ex contrabajista de Machito, Bobby Rodríguez, los congueros Marcelino Valdéz y Frank Malabé, el vibrafonista Louie Ramírez y otros invitados ocasionales.
La orquesta grabó cuatro álbumes hasta la disolución de la empresa en 1966. Sin embargo, se grabó un 5 álbum bajo la dirección de Charlie Palmieri en 1977, con ocasión del décimo séptimo aniversario de Alegre All Stars. Jerry Masucci retoma la idea de Alegre All Stars y organiza la Fania All Stars con estrellas de la empresa: Larry Harlow, Bobby Valentín, Willy Colón, Héctor Lavoe, Ismael Miranda y, por supuesto, Celia Cruz.
Eso para indicar que las descargas cubanas de las Alegres All Stars son instrumentales, mientras que las de Fania All Stars se basan en el canto. Aunque el sello Fania grabó álbumes de jazz latino a partir de 1975, éste quedó relegado al segundo plano.
Comienza el reinado de la salsa y con él, una polémica tan apasionada como la generada en la década de 1950, sobre el origen del mambo.
Desde la aparición de la salsa, nunca se ha escrito tanto sobre las músicas y los músicos de América Latina y todo el mundo parece tener una opinión al respecto.
Precisemos solamente como lo hizo el historiador Máximo Salazar, que Cal Tjader grabó en 1964 el álbum Soul Sauce con la foto de una botella de salsa tomate en la carátula. Desde entonces la palabra salsa se ha abierto paso y decenas de personas pretenden haber inventado el término.
Ahora fíjense, encontramos una entrevista en el libro del escritor, argumentista, poeta, musicólogo, autor de varios libros sobre jazz, Luc Delannoy, nacido en Bélgica, (en el libro Caliente, una historia del jazz latino) que le hizo al músico Francisco Pérez Gutiérrez, el popular Machito o Frank Grillo, donde dice que “la salsa es una réplica de lo que hacíamos hace 50 años”.
Y agrega que “la única salsa que conozco es la que utilizo para comer mi spaguetti”.
El mito de la sensacional salsa y de su carácter nuevo y original, sólo llegará a convencer a un público ingenuo o mal informado que desconocía la música tradicional cubana y la de otros países del Caribe.
Según el saxofonista y musicólogo Leonardo Acosta, Ignacio Piñeiro es el abuelo de la salsa, porque fusionó la rumba con el son. De hecho la salsa es como el jazz: que todo mundo sabe de que se trata, pero nadie puede definirla.
Intentemos sin embargo precisarla brevemente.
La salsa es un movimiento sociológico urbano en constante evolución. Es un sonido moderno con una instrumentación moderna, basada en la música cubana. Además, es un sincretismo instrumental, que surgió a mediados de la segunda mitad de la década del 60 en Nueva York.
La salsa nació como una alternativa de contrarrestar al popular rock’n’ roll, que era por entonces escuchado por adolecentes de la burguesía y de la clase media. Según otros estudiosos, la salsa se trataba de un afán deliberado de transformar la música de baile, hasta entonces como cubana, interpretada esencialmente por músicos puertoriqueños y dominicanos que estaban reunidos en la gran urbe, en orquetas conocidas con los nombres de conjuntos y charangas.
Transformaciones en la que contribuyeron los hermanos Charlie y Eddie Palmieri, en donde Charlie reemplaza el violín y la flauta en su Charanga Duboney por metales, mientras que su hermano Eddie forma en 1961 la orquesta intitulada Conjunto La Perfecta, en la cual sustituye las trompetas por una sección de trombones. Sin embargo, Eddie no es el primero en incorporar una sección de trombones en su grupo, pues fue precedido por su compatriota y cantante Mon Rivera.
La sección de Palmieri, cuyo sonido sería imitado por la siguiente generación de trombonistas, era dirigida por Barry Rogers, influido a su vez por el Rhythm and Bblues y dos trombonistas de jazz: J.J. Johnnson y Kai Windeig.
Al lado de Rogers se encontraba el extraordinario trombonista brasilero José Rodríguez, quien había vivido en República Dominicana el tiempo necesario para perfeccionar sus conocimientos de la música del Caribe hispanofono.
Queremos decir con esto, que musicalmente indefinible, la salsa no es un ritmo, pero sí un sonido acompañado de textos cantados en español y enriquecida por arreglos inspirados por el jazz. Tiene raíces musicales afrocubanas y su espina dorsal está constituida por el bongó y los timbales, el sincretismo del cual hablamos, son las culturas con influencias de varios países como Puerto Rico, Venezuela, Colombia y México. En donde cada músico añade elementos de su cultura musical, cada público aporta una coreografía, un toque original.
La salsa no solo ha acercado a las diferentes comunidades latinas en los Estados Unidos, sino que, además, ha unido a los músicos de Nueva York y la cuenca del Caribe.
Queremos añadir que la influencia del jazz sobre la salsa es indirecta. Se sitúa en la educación musical de los solistas de las distintas orquestas.
Músicos como Juan Formell, de Los Van Van, e Issac Delgado, reconocen su importancia fundamental en el desarollo de sus carreras. Si en las décadas del 40 y 50, numerosos jazzistas consideraban a las orquestas de música latina como nueva oportunidad de trabajo, lo mismo puede decirse desde hace 40 años de la salsa. Trompetistas, trombonistas y saxofonistas llevan a los salseros el arte de la improvisación, de las armonías y los arreglos propios del jazz.
En ciertos casos, la interacción se ha vuelto tal que numerosas orquestas han desarrollado dos repertorios: uno de salsa y otro de jazz latino.
La salsa se ha difundido por los lugares más sorprendentes como el Estado de Tennesse, feudo de la country music, o por los clubes modernos de Tokio, donde encontramos la cantante japonesa Etsuko Susuki, más conocida con el nombre de Nora, que cantó en español obras clásicas de la salsa, acompañada por La Orquesta de la Luz.
Eso quiere decir que el sonido salsero sí existe y aún está vigente, que ha trascendido fronteras y mares convirtiéndola en la primera revolución danzante desde el advenimiento del rock’n'roll. Además, como el caso del mambo, es el baile de todos y de todas, sin restricción de razas, religión y de culturas.



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