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Mi primer maestro de baile era malísimo. Lo que enseñaba no funcionaba y el nivel de frustración entre sus alumnos era muy alto, pues te hacía sentir que si no podías aprender a bailar es porque eras un inepto. Sin embargo él estaba en el lugar correcto en el momento adecuado, en un gimnasio donde yo entrenaba con pesas. Gracias a esas clases yo me interesé en aprender a bailar, pues estoy seguro que antes de eso yo no hubiera ido nunca a un curso de salsa.
Con el tiempo fui tomando más cursos, algunos buenos y otros muy malos. De todos aprendí un poco. En mis primeros años jamás pensé en ser maestro de baile y mucho menos dedicarme de tiempo completo a esto, pues mi único interés era poder dar unas vueltas en el Barlovento.
Tuve el privilegio de tener también buenos maestros, y debo reconocer especialmente a Alejandro Aguirre, gracias a él pude empezar a pensar en mi mismo como un maestro de baile, aunque esto estaría todavía muchos años en el futuro.
Mis primeras clases fueron con amigos del Barlo, que nos reuníamos para explorar nuevas vueltas y practicar. No las cobraba, pues aunque yo tenía más pasos y más práctica no me sentía con la autoridad para enseñar, mi enfoque era más bien sugerir posibilidades. Así es como empezamos muchos,el gusto por estar con gente que comparte tu pasión es una gran ayuda para superar tus inseguridades. Ciertamente la recompensa financiera no es un factor, pero sí el prestigio que puedes obtener cuando la gente se dirige a ti como “el maestro de baile”.
Veo de vez en cuando comentarios de maestros/as que dicen de otros con cierto desprecio “Cómo se atreve fulanito a dar clases… si no es licenciado en danza, si no ha estudiado?!?!?”
Así como hay grandes diferencias entre el bailarín y el bailador, hay muchas diferencias entre quienes enseñan a otros bailarines y quienes enseñan a otros bailadores.
Si se trata de aprender técnica Graham o ballet, es muy recomendable acudir con un maestro certificado, pues cuando pidas trabajo en una compañía de baile se espera que puedas hacer las cosas que el coreógrafo necesita que hagas.
Si se trata de bailar con las chicas de tu salsoteca local, necesitas un guía que te muestre el camino. Así como el idioma español tiene acentos diferentes a lo largo y ancho de hispanoamérica, cada ciudad y región tiene una manera ligeramente distinta de bailar.
Cuando yo estaba en Cancún tuve un amigo que aprendió en Los Ángeles, y cada noche se paraba a un lado de la pista del Sabor Latino (que era uno de los mejores lugares) furioso porque “ninguna de las mujeres sabe bailar”. El se ponía a explicarles y darles indicaciones a media pista, cosa que las chicas detestan. En vez de modificar un poco lo que sabía para adaptarlo a las condiciones locales, lo único que lograba era hacerse malasangre y que nadie quisiera bailar con él.
La salsa es un baile de la calle, que va cambiando y tomando elementos de la cultura popular. No hay una manera “correcta” de bailar salsa, sólo diferentes grados de “bien”. El mismo Eddie Torres era un gran bailador callejero antes de que lo convencieran de codificar su método.
Por otra parte, no necesariamente un buen bailarín va a estar interesado en dar clases. Necesitas un amor por el baile y características como paciencia, empatía y la habilidad de explicar en términos sencillos conceptos que no se pueden visualizar fácilmente. Estas cosas no te las pueden enseñar en ninguna escuela.
Hay algunas personas que son grandes bailarines de escenario y grandes maestros, por ejemplo Rodrigo Cortazar, pero si tu no has competido o participado en eventos internacionales no dejes que eso te detenga si tienes una pasión por compartir tu conocimiento.
Desde luego mi recomendación es que te prepares y aprendas lo más posible, pero como dije al principio, incluso un maestro muy malo puede tener un gran impacto en la vida de una persona.
Para mi es una motivación muy grande cuando alguien deja un comentario en mis clases o mis videos. Desde jóvenes de 13 a adultos mayores de 70 en muchos países han encontrado su camino un poco más fácil gracias al conocimiento que yo recibí y tengo el privilegio de transmitir.
En la película “La lección de tango” Sally Potter le pregunta al gran bailarín Pablo Verón:
- ¿Por qué elegiste el tango?
y él le contesta:
- Yo no elegí el tango, el tango me eligió a mi.
Se dice que no hay nada nuevo bajo el sol. Lo verdaderamente original es muy raro, y ese conocimiento duramente adquirido es invaluable y es el único legado que podemos dejar a la posteridad. Si tienes algo que compartir con el mundo no te lo quedes para ti.
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