Todos los movimientos que puedes hacer -caminar, manejar un auto, escribir en un teclado- han sido aprendidos y son controlados por la actividad de las neuronas que forman la materia gris de tu cerebro. Las neuronas se enlazan unas con otras a través de conexiones llamadas axones, y para efectuar cualquier movimiento en tus músculos una gran cantidad de neuronas tienen que activarse en una secuencia precisa para transmitir impulsos eléctricos entre ellas y a través a de tus nervios motores hasta tus músculos.

Daniel Coyle en su magnífico libro “The Talent Code” describe investigaciones científicas que demuestran que el aprendizaje de cualquier habilidad es resultado de la mielina, la cual es una capa aislante que rodea las neuronas y los axones con una función similar a la del plástico en un cable eléctrico. La mielina forma una vaina que se enrolla sobre los circuitos neuronales permitiendo la transmisión rápida y eficiente de los impulsos. Esta materia blanca forma redes neurales que permite que hasta los movimientos más complejos pueda efectuarse sin control consciente de cada músculo involucrado.

El modelo tradicional del talento es el de genes y ambiente. Este modelo presupone que cada persona nace con una serie específica de genes que le dan ciertas ventajas, y que el ambiente en que crece favorece o no que esos genes se expresen. Bajo este modelo se supone que la gente nace con ciertos talentos, por ejemplo aptitud atlética o musical, y los que no nacen con esos genes especiales nunca podrán obtenerlos.

Sin embargo las células cerebrales son las mismas para todos nosotros. La diferencia entre un maestro de baile y alguien con “dos pies izquierdos” es la cantidad de redes neurales que el maestro ha creado a lo largo de miles de horas de práctica, lo que le permite evaluar con gran precisión y velocidad las condiciones cambiantes del baile en pareja. Un bailador experto tiene a su disposición un gran repertorio de movimientos que puede emplear para expresarse en cualquier circunstancia en la que se encuentre.

como aprender a bailar salsa El modelo de la mielina explica el talento como la formación de circuitos neurales como resultado de la repetición. Puedes imaginarlo como el conducir un vehículo a campo traviesa. Hay muchos caminos posibles, pero si después de tomarlo por primera vez conduces por ese mismo camino muchas veces, formarás un sendero. La mielina lo que hace es pavimentar ese camino, de manera que se convierte en una autopista por la que puedes ir a alta velocidad.

Coyle define el talento como “mielina aislando circuitos neurales y que crece de acuerdo a ciertas señales”. La manera de crear los circuitos neurales es la práctica profunda, la práctica que te lleva un poco más allá de tu nivel de habilidad presente. Un circuito para una actividad compleja como el baile es formado por una serie de circuitos menores. Las primeras veces que intentas un movimiento tienes que dirigirlo de manera consciente, pero cuando lo practicas suficientes veces lo pasas a tu mente subconsciente, lo que te da la libertad para concentrarte en la pista de baile y en tu pareja.

El problema con las clases de baile

El problema es que no puedes ver algo a menos que primero lo tengas en tu mente. Lo más difícil de aprender a bailar es animarse a ir a una clase de baile, un temor muy justificado. Cuando llegas por primera vez a una clase te vas a sentir muy torpe, te van a pedir que hagas movimientos que todos los demás pueden hacer con facilidad pero que no tienen ningún sentido para ti. No se parecen a nada de lo que encuentras en tu vida diaria. Y lo peor es hacer el ridículo frente a las chicas de la clase. Si alguna vez te dijeron que tienes dos pies izquierdos, en tus primeras clases vas a encontrar amplia evidencia de ello.

Ese “infierno del principiante” desanima a la mayoría. Lo malo es que muchos maestros han desarrollado su talento desde muy jóvenes en compañías de baile o incluso escuelas de danza, así que no comprenden por que a ti te parece tan difícil. No tienen las herramientas didácticas para hacerte llegar de lo que tu sí puedes hacer -caminar- a lo que ellos pueden hacer. Ni siquiera comprenden la necesidad de explicar las cosas que para ellos son obvias. Después de todo, son “bailarines natos”. Para ellos es natural.

Pero tu también puedes disfrutar de los beneficios del baile, todo es cuestión de que tengas la oportunidad de practicar de la manera adecuada. El propósito de este libro es hacer accesible a todos la salsa social, que consiste en una serie de pasos y técnicas de desplazamiento que tienen como propósito comunicar una intención a la pareja. Puedes imaginarla como un diálogo donde el hombre “lleva”, o sea que propone un movimiento y la mujer “sigue”, respondiendo a esa indicación y a su vez aportando algo propio a la conversación.

Para hacerlo bien primero tienes que cometer muchos errores mientras calibras tus movimientos y el efecto que causan en la mujer que tienes en tus brazos. La manera de aprender es cometer todos esos los errores lo más rápido que puedas, hasta que encuentres la manera correcta de llevar a tu pareja.

Tengo más de 10 años de experiencia enseñando salsa, y puedo asegurarte que la peor manera de aprender es con una pareja que tampoco sabe nada. Pero una buena bailarina es demasiado intimidante, y de cualquier manera a ellas no les gusta estar con principiantes. Estamos acostumbrados a movernos en relación a objetos que no se desplazan, así que cuando estás practicando por primera vez una vuelta pierdes todo punto de referencia tan pronto tu pareja completa su parte del movimiento.

Y como no tienes algo comparable a lo cual asociar lo que viste en la clase de baile, no vas a practicar nada fuera de clase y a la siguiente vas a llegar igual que al principio. El avance puede ser lento y penoso.

El propósito de Primer Paso es que salgas lo más rápidamente posible del Infierno del principiante